La explotación del consumo en el mundo actual mete mas ruido que todas las guerras y arma mas alboroto que todos los carnavales como dice un viejo proverbio turco, “quien bebe a cuenta, se emborracha el doble”.
La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal permanece no tener límites en el tiempo ni en el espacio.
El sistema necesita mercados cada vez mas abiertos y mas amplios, como los pulmones necesitan aire, como andan los precios de las materias primas y de la fuerza de trabajo. El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperios; ordenes de consumo entre todos difunde la fiebre compradora.
La mayoría que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada mas que deudas ara pagar deudas que generan nuevas deudas y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo. El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos “dime cuanto consumes y te diré cuanto vales” este modo de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy bueno para la industria farmacéutica.
EE.UU. consume la mitad de los sedantes, ansiolíticos y demás drogas químicas que se venden lentamente en el mundo y mas de la droga prohibidas que se venden ilegalmente, lo que no es moco de pavo si se tiene en cuenta que EE.UU. apenas suma el 5% de la población mundial.
El consumidor ejemplar es el hombre quieto. Esta civilización, que confunde la cantidad. Con la calidad, confunde la gordura con la buena alimentación. Según la revista científica “The Lancet”, en la última década la “obesidad severa” ha crecido casi un 30% entre la población joven de los países mas desarrollados. Entre lo niños norteamericanos, la obesidad aumento en un 40% en los últimos dieciséis años, según la investigación reciente del centro de ciencias de la salud de la Universidad de Colorado. El país que invento las comidas y bebidas Light, los Diet food y los alimentos fat free, tiene la mayor cantidad de gordos del mundo. El consumidor ejemplar solo se baja del automóvil.
Triunfa la basura disfrazada de comida: Esta industria esta conquistando los paladares del mundo y esta haciendo trizas las tradiciones de la cocina local.
Las costumbres del buen comer que vienen de lejos en algunos países miles de años de refinamiento y diversidad, y son un patrimonio colectivo.
La globalización de la hamburguesa, la dictadura de la Fast food.
Obra de McDonald's, Burger King y otras fabricas.
Las masas consumidoras reciben ordenes en un idioma universal; la publicidad ha logrado lo que el espartano quiso y no pudo.
Los expertos saben convertir a las mercancías en mágicas conjuntos contra la soledad. Las cosas tienen atributos humanos; ocasionan, acompañan, comprenden, ayudan, el perfume te besa y el auto es el amigo que nunca falla.
La cultura del consumo ha hecho de la soledad el mas lucrativo de los mercados.
El mundo entero, tiende a convertirse en una gran pantalla de televisión, donde las cosas se miran pero no se tocan.
El criminólogo Anthony Platt ha observado que los delitos de la calle no son solamente fruto de la pobreza externa también son fruto de la ética individualista.
Según el historiador Eric Hobsbawm, el siglo XX puso fin a siete mil años de vida humana centrada en la agricultura desde que aparecieron los primeros cultivos, a fines del paleolítico.
La población mundial se urbaniza, los campesinos se hacen ciudadanos. En America Latina hay campos sin nadie y enormes hormigueros urbanos. Las ciudades prometen trabajo, prosperidad, un porvenir para los hijos de los campesinos que invaden los suburbios. En los campos los esperadores miran pasar la vida, y mueren bostezando, mientras que en las ciudades, la vida ocurre.
Mientras nacía el siglo XIV, Fray Giordano da Rivalto pronuncio un elogio de las ciudades, dijo “las ciudades crecían porque la gente tiene el gusto de juntarse”.
El Shopping Center vidriera de todas las vidrieras, impone su presencia avasallante; las multitudes acuden en peregrinación a este templo mayor de las misas de consumo. La mayoría de los devotos contempla, en éxtasis, las cosas que sus bolsillos no pueden pagar, mientras que la minoría compradora se somete al bombardeo de la oferta incesante y extenuante.
La cultura de consumo, condena todo el desuso mediático. Todo cambia al ritmo vertiginoso de la moda, puesto que al servicio de la necesidad de vender; las cosas envejecen para ser reemplazadas por otras cosas de vida fugaz.
Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable; una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los ídolos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. La sociedad de consumo es una trampa de cazabobos. Los que tienen la manija simulan ignorando, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría consume poco y nada necesariamente, para garantizar la existencia de la poca naturaleza que queda.



No hay comentarios:
Publicar un comentario